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PorSuper Coop Zaragoza

La historia de la huerta de Zaragoza

por Olga Conde

Apenas un 4% de las frutas y verduras que comemos se produce en la huerta zaragozana, que ha perdido el 90% de su superficie tras ser urbanizada o dedicarse al cultivo de forraje para la exportación.

Zaragoza parece una motita blanca en el centro de una gran esmeralda sobre la que se desliza el agua de cuatro ríos, transformándola en un mosaico de piedras preciosas” (al-Qalqasaudi). De esta forma se hacía alusión a las huertas, jardines y vergeles que rodeaban la ciudad, en cuyo centro destacaba la trama urbana de casas y murallas blancas fabricadas con el yeso de los montes próximos.

La historia de Zaragoza ha estado desde sus orígenes ligada a su huerta. Su ubicación en la confluencia del Ebro y sus afluentes, el Huerva, el Gállego y el Jalón contribuyeron a ello. El Ebro en su divagar por su llanura de inundación aportó tierra fértil, hecho que unido a la existencia de canales de irrigación desde la época prerromana permitió la existencia de una fértil huerta.

En la Zaragoza musulmana la agricultura fue uno de los principales sectores productivos, pues sus pobladores supieron reutilizar y poner en marcha la infraestructura hídrica romana. “No hay otra zona más fructífera, más productiva ni que cuente con mejores alimentos, pues es la región más privilegiada, más fértil y mejor situada», rezaba una crónica anónima de la Zaragoza musulmana.

Representación de Zaragoza de 1710, junto al Ebro y rodeada de espacios agrícolas. Archivo municipal de Zaragoza.

Hasta el siglo XVIII, las aguas de riego eran las de los ríos Gállego, que regaba la margen izquierda del Ebro, y el Jalón y Huerva, que regaban la margen derecha, ya que no se podía utilizar el agua del Ebro debido al desnivel existente. La puesta en marcha del Canal Imperial de Aragón, en 1784, supuso una verdadera revolución agrícola ya que entre otros aspectos permitió aumentar el regadío en la margen derecha con agua del Ebro.

Sin embargo, durante el siglo XX comenzó un lento pero progresivo retroceso de los espacios de huerta. La declaración de Zaragoza como polo de desarrollo industrial en 1964, duplicó su población en un periodo muy corto de tiempo, lo que dio lugar a que el Plan General de Ordenación Urbana de Zaragoza de 1968 (PGOUZ68), recalificara suelos para la construcción de viviendas y generación de infraestructuras que se asentaron en zonas de huerta altamente productivas.

Las últimas décadas de desarrollo inmobiliario fuera de control provocaron que las expectativas de lucro los convirtieran también en espacios a la espera de la recalificación. Este hecho unido al sistema agroalimentario mundial y la llegada de productos de todo el planeta, la Política Agraria Comunitaria (PAC), el envejecimiento de la población, el escaso relevo generacional, la proliferación de grandes superficies y la poca valoración del trabajo agrícola ha hecho que en los últimos años la superficie hortícola municipal haya sufrido importantes cambios.

Plan General de Ordenación Urbana de Zaragoza, año 2008. A pesar del crecimiento urbano, se pueden observar los espacios de ribera dedicados al cultivo de alfalfa.

A pesar de la expansión urbanística, Zaragoza cuenta con 12.000 ha de tierra productiva de regadío y con la mitad podríamos abastecernos de productos de cercanía, pero la mayoría de los espacios agrícolas han abandonado la producción hortofrutícola para dedicarse a las forrajeras (alfalfa principalmente) que se exporta a China y países árabes, mientras que la mayoría de los productos que llegan a nuestros platos proceden de lugares cada vez más lejanos.

El término municipal de Zaragoza ha perdido el 90% de la huerta, según la Asociación de Hortelanos de Zaragoza. Si bien todavía se mantiene un número pequeño de hortelanos que abastecen a la ciudad de hortalizas, su número ha descendido notablemente, en los años 70 contaba con 300 socios y en la actualidad no llegan a 30.

Espacio agrícola de la margen izquierda del Ebro desde el barrio rural de Alfocea. Olga Conde.

En la situación actual de emergencia climática es fundamental disminuir las emisiones provocadas por una agricultura intensiva que contribuye en torno al 40% de las mismas, no genera empleo local, contamina el suelo y los acuíferos. Apostar por una agricultura ecológica y de cercanía es el gran reto al que nos enfrentamos y entre muchas otras medidas, también requiere que consumidores y consumidoras lo demandemos e incorporemos estos productos en nuestra cesta de la compra.